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El renacimiento de las Cooperativas de Crédito o Cajas de Crédito Cooperativas y su Influencia en las Economias Re
Publicado por Jorge PORTABELLA
| 07 de enero de 2010

EL RENACIMIENTO DE LAS COOPERATIVAS DE CRÉDITO O CAJAS DE CRÉDITO COOPERATIVAS y SU INFLUENCIA EN LAS ECONOMÍAS REGIONALES.

1 – Introducción.
La ley 26.173 constituye, a primera vista, la posibilidad del renacimiento o resurgimiento del movimiento cooperativo de crédito, representado por las cooperativas de crédito o cajas de crédito cooperativas.
Esta, por lo menos, es la impresión que se recibe al leer el artículo 1º de esta ley, que modifica el artículo 26 de la Ley 21.526 (t.o. Ley 25.782).
La modificación introducida, a través del inc. a) del artículo 26 de la Ley de Entidades Financieras, permite a las cajas de crédito cooperativas, recibir depósitos a la vista, en caja de ahorros y a plazo, sin límite alguno, salvo la limitación referida al requisito de que deberán operar preferentemente con asociados.
Esta primera impresión, producto de la lectura aislada del primer artículo de la ley, genera una sensación de optimismo respecto a los efectos que se esperan que produzca el texto de la ley.
Pero, al continuar la lectura y advertir las limitaciones y restricciones que se mantienen -aunque atenuadas- en los artículos 2º, que modifica el artículo 18, y 3º que incorpora el artículo 100 bis a la Ley 21.526, el optimismo inicial se torna en una cauta expectativa.
En efecto, se les impone que deberán realizar las operaciones activas preferentemente con asociados que se encuentren radicados o realicen su actividad económica en la zona de actuación en la que se autorice a la caja de crédito cooperativa a operar ; también se limita a cinco el número de sucursales cuya apertura podrán solicitar, dentro de su zona de actuación , y se establece que deberán asociarse en una cooperativa de grado superior especializada con capacidad, a satisfacción del B.C.R.A. y del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, para proveerse de asistencia financiera y otros servicios financieros.
Decimos que el optimismo inicial decae, por cuanto se continúa con la errada política de limitar el libre funcionamiento de la actividad financiera para este importante sector del sistema financiero.
Y es sabido que las limitaciones arbitrarias e irrazonables que se imponen al libre funcionamiento de la actividad financiera, para un sector de la misma, se tornan en un obstáculo insalvable, a la hora de competir con las otras entidades financieras que actúan en el mercado.

Recientemente, y cuando la cauta expectativa iba mutando en desazón, al haber transcurrido más de dos años y medio sin que se tuviera conocimiento de la creación de cajas de crédito cooperativas, surgió una luz de esperanza nuevamente, al conocerse en Mendoza que están en etapa de formación dos Cajas de Crédito Cooperativas.
Ellas son la CCC Mendoza Ltda., integrada y apoyada por la Caja de Profesionales de la salud, y que agrupa también a profesionales, comerciantes y a otras cooperativas del Gran Mendoza, y la CCC Mendosur Ltda., que tendrá su radio de acción en Malargüe y General Alvear, departamentos del Sur de la Provincia de Mendoza que actualmente sólo cuentan con el servicio de dos bancos: el Banco Nación Argentina y el Regional de Cuyo .
Actualmente, a nivel nacional, hay aproximadamente 25 grupos interesados de distintas regiones del país y, obviamente, es sólo el comienzo. Hay que tener en cuenta que la ley abre la posibilidad de que muchas instituciones de crédito que trabajan en la informalidad y que administran cerca del 10% de los recursos financieros, puedan ingresar al sistema, afirma Arnaldo Bocco, Director del Banco Central de la República Argentina y principal impulsor de la ley que comentamos.
El interés proviene de los cuatro puntos cardinales: Alto Valle en Río Negro, Mar del Plata y Junín en Bs.As.; Jesús María, Devoto y Río Tercero en Córdoba, Oberá en Misiones, Mendoza y Salta, son sólo algunas de las localidades en las que es posible pronosticar que en breve podrían contar con alguna CCC autorizada y en funcionamiento.

2 – Breve repaso histórico.
Haremos un muy breve repaso de la historia del cooperativismo de crédito en la Argentina, a los efectos de explicar las razones de nuestro cauto optimismo respecto de las posibilidades de esta ley para reflotar la actividad de las cooperativas de crédito o cajas de crédito cooperativas.
Las cooperativas de crédito se desarrollaron activamente en las décadas de los años 1960 y 1970, llegando a existir casi mil instituciones en el País, y a administrar el 12% del total de los depósitos del sistema financiero.
Estas instituciones cumplieron un importante rol en la historia y en la actividad financiera de nuestro país.
Nacidas en el siglo pasado como cooperativas de crédito, tuvieron su origen en la inmigración europea, que trajo del viejo continente las ideas asociativas, y tuvieron un desarrollo relevante durante la década de 1960. Llegaron a existir 900 entidades durante el período 1958 – 1966.
Ese auge no fue casual ni inexplicable, sino que obedeció a que una porción considerable de la población no tenía acceso al crédito, debido a la anulación de la nacionalización de los depósitos dictada al caer el gobierno peronista.
Las Cajas de Crédito llegaron a captar el diez por ciento (10%) de los depósitos del sistema financiero.
Así, surgieron en aquella época, en lo que respecta a la Provincia de Mendoza, cooperativas que nucleaban a los médicos y profesionales del arte de curar (COPRAC), a los ingenieros, arquitectos, agrimensores, etc. (COINARA), a los almaceneros (COCRAM), a los hoteleros (COHBAM), la Cooperativa de la Unión Comercial e Industrial de Mendoza (U.C.I.M.), y otras Cooperativas departamentales o regionales, como la COOPERATIVA GUAYMALLÉN, la COOPERATIVA LAS HERAS, la COOPERATIVA UNIÓN, y otras más, siempre refiriéndonos a la Provincia de Mendoza.
El patrón general era que, en todo el país, reunían en la mayoría de los casos a personas o profesionales que realizaban actividades afines.
Estas entidades contribuían, dentro del sistema financiero institucionalizado de nuestro país -en el que estaban incluidas-, al financiamiento de profesionales, comerciantes, artesanos, pequeñas y medianas empresas, produciendo una mayor federalización del crédito en el país, dado que extendían la red de servicios financieros del sistema bancario.
Posteriormente, cuando se encontraban en su mayor apogeo, estas cooperativas de crédito recibieron un golpe mortal en el año 1977, con la sanción de la Ley 21.526 de Entidades Financieras, que les prohibió recibir depósitos a la vista , limitando sus posibilidades de operación, y otorgándoles un plazo de un año para convertirse en bancos, cumpliendo con todos los requisitos exigidos por la legislación vigente, como única forma posible de subsistencia.
El artículo 26 de la Ley 21.526 las autorizaba, en su inciso a), solamente a recibir depósitos a plazo, eliminando de esta manera la posibilidad de recibir depósitos a la vista de que disponían hasta esa fecha.
Se trató, en este caso particular referido a las cooperativas de crédito, de políticas impuestas por el último gobierno de facto que gobernaba la Argentina en ese momento.
Esta normativa fue el certificado de defunción de las cooperativas de crédito, ya que las afectó en la esencia del funcionamiento del sistema financiero, que es la percepción de depósitos a la vista para poder disponer de dinero para prestar, con lo que las instituciones financieras obtienen su rentabilidad.
Decimos que las afectó en la esencia del funcionamiento del sistema financiero, por cuanto, sin depósitos gratuitos para prestar, se imposibilita el funcionamiento del multiplicador bancario, que es lo que posibilita la actividad financiera.
Es una realidad indiscutible que si una entidad financiera sólo puede recibir depósitos a plazo, remunerados, no tiene ninguna posibilidad de competir frente al resto de las entidades del sistema financiero, a la hora de pretender otorgar créditos.
Esto, por cuanto, al no poder recibir depósitos a la vista, gratuitos (Ej: cuenta corriente bancaria), el “spread” o diferencia entre la tasa pasiva y la activa se reduce a la mínima expresión, y le impide atender los gastos administrativos y de funcionamiento, si mantiene la tasa activa dentro de los niveles de las demás entidades financieras.
Y si decide subir la tasa activa, a fin de compensar esta limitación impuesta por la ley, no pueden competir con las otras entidades del sistema que tienen la posibilidad de captar fondos gratuitos en cuenta corriente, ya que esto ocasiona que los créditos resulten excesivamente onerosos por la tasa de interés que deben aplicar.
La otra alternativa que tenían, según el texto de la ley, para conservar la operatoria, era convertirse en bancos, mediante su unión con otras entidades similares, otorgándoseles un plazo de un año para ello .
Esto produjo prácticamente la extinción de las cooperativas de crédito, de las cuales subsistieron unas pocas, transformadas en bancos cooperativos, como el Banco Credicoop, que nucleó a más de un centenar de cooperativas de crédito en todo el país, existente hasta la fecha y que se ha convertido en una importante entidad bancaria nacional, y el BUCI, proveniente de la Cooperativa de Crédito de la Unión Comercial e Industrial de Mendoza, banco que fue liquidado hace ya varios años, por razones distintas y ajenas a las que estamos comentando en este trabajo.

3 – Los intentos de resurgimiento.
Esta no es la primera oportunidad en que se dicta una ley tratando de reparar el daño causado por la Ley 21.526 al sector cooperativo de crédito.
Los primeros indicios de la posibilidad de que volvieran a funcionar como tales las cooperativas de crédito, surgieron con la Ley 25.782 , conocida como Ley Polino.
Esta ley, mediante su artículo 2º sustituyó el artículo 26 de la Ley 21.526, facultando a las Cajas de Crédito a recibir depósitos a la vista , pero fijándole un monto máximo de $ 10.000,- por titular para los depósitos a plazo , y otras limitaciones, entre ellas de carácter territorial, y la de operar exclusivamente con asociados y en casa única .
Con esta ley se pretendía hacer revivir las posibilidades del crédito cooperativo, con la ventaja de llegar a personas que se encuentran fuera del sistema financiero, o que son escasamente atendidas por el mismo, como las PyMES, ya que las cooperativas se basan en la ayuda mutua, la confianza y la solidaridad , con requisitos diferentes a los que exigen las entidades bancarias.
Pero esta ley 25.782 no pudo llevarse a la práctica, y fracasó porque mantuvo restricciones que afectan el normal funcionamiento de una entidad financiera, al establecer tope a los depósitos a plazo, establecer que las Cajas de Crédito operarán en casa única, exclusivamente con sus asociados, y limitando el ámbito de actuación geográfica .
A la luz de todas estas limitaciones que afectan gravemente la actividad financiera, nos preguntamos si realmente los redactores de la Ley Nº. 25.782 tenían la seria intención de reactivar las Cajas de Crédito Cooperativas, o, lo que es lo mismo, el crédito cooperativo, como una forma alternativa o complementaria de la actividad que cumplen los bancos.

4 – La Ley 26.173.
La ley que comentamos (Ley 26.173) al haber eliminado el tope para los depósitos que pueden recibir a la vista, en Caja de Ahorros y a Plazo, permite suponer que se producirá un resurgimiento de las Cajas de Crédito, al permitirles operar en condiciones más asimilables a las del resto de las Entidades Financieras.
Esta eliminación de algunas y morigeración de otras de las restricciones que se les habían impuesto, constituye un acto de justicia para con las Cajas de Crédito o Cooperativas de Crédito, y nos permite suponer que les permitirá recuperar el importante papel que cumplían hasta el año 1977 en la economía nacional, sobre todo en las economías regionales, federalizando el crédito bancario.
No obstante, consideramos que esta recuperación será lenta y dificultosa, por cuanto aún en la nueva ley subsisten algunas limitaciones, como la que establece que deben realizar las operaciones activas preferentemente con asociados , la referida al ámbito geográfico, o sea a la zona de actuación, y la limitación del número de sucursales.
Sin embargo, las modificaciones introducidas por esta última ley ya permiten avizorar la posibilidad de una normalización de la actividad de las cooperativas, hablando estrictamente desde el punto de vista de la actividad financiera, sin perjuicio de las dificultades que siguen planteando las restricciones que sigue manteniendo para este tipo de entidades financieras.
En efecto, la Ley 26.173, mediante su artículo 1º sustituyó el artículo 26 de la Ley 21.526 que había sido modificado por la Ley 25.782, por un nuevo artículo que esta vez faculta a las cajas de crédito cooperativas para recibir depósitos a la vista, en caja de ahorros y a plazo, sin límite alguno, excepto cuando sea de aplicación lo previsto en el inciso d) del artículo 18 de la Ley 21.526, es decir que, para la captación de fondos no será aplicable el límite de la zona de actuación, sin perjuicio de que resultará de aplicación el principio de operar preferentemente con asociados, incorporado por el artículo 2º de la Ley 26.173.
Otra modificación importante que introduce esta ley en el inciso b) del artículo 26, es la que establece que las letras de cambio giradas contra los depósitos por sus titulares podrán cursarse a través de las cámaras electrónicas de compensación.
Esto implica mayor seguridad y celeridad en la realización del “clearing” entre las distintas cajas de crédito cooperativas respecto de las letras de cambio que reciban de las otras cooperativas, de la misma forma en que lo hacen los bancos a través de las cámaras electrónicas de compensación de los cheques.
Es decir que estas reformas son positivas y tienden a posibilitar y facilitar la actividad de las cajas de crédito cooperativas en el sistema financiero.
Una de las características de las Cajas de Crédito Cooperativas es que, para operar con ellas, los interesados deben asociarse, suscribiendo un capital mínimo, que podrá ser actualizado por el Banco Central de la República Argentina .
Esto produce el efecto de que el “cliente” no sea sólo eso, un cliente, sino que sea un socio de la Cooperativa, forme parte de ella y perciba retornos en proporción a los servicios utilizados y/o al capital aportado.
Por lo tanto, este sistema produce un sentimiento de pertenencia, de solidaridad entre los asociados y la institución, -lo que actualmente se llama fidelización- a la que se trata de no perjudicar, ya que el éxito de la cooperativa implica ingresos adicionales para los socios (los retornos o dividendos).
Otra de las modalidades de funcionamiento, por menos en la experiencia extraída de las Cooperativas de Crédito que funcionaron en la década del ´60 y hasta el año 1977, fue que nucleaban a personas con la misma profesión o actividad comercial.
Esta agrupación de las cooperativas por la actividad de sus socios, potencia el efecto de la pertenencia, de la solidaridad, ya que al tener los asociados intereses comunes, se sienten más compenetrados con la cooperativa, la sienten como “su” banco o financiera, lo que hace que los niveles de incumplimiento de sus obligaciones sean notoriamente inferiores que en un banco o en otra entidad financiera.
Es una especie de fidelización, para utilizar un término muy en boga en la actividad comercial actual, que se produce por el sentimiento de pertenencia.
A eso se suma la inversión en capital que debían hacer los socios, pues para operar en las cooperativas de crédito era requisito esencial el ser socio, lo que requería –lógicamente una pequeña inversión- que, a su vez, generaba un retorno de utilidades proporcional a dicha inversión.
Este mismo sentimiento de pertenencia, esta fidelización que existía en los asociados respecto de las cooperativas de crédito, es lo que actualmente, sumado a las limitaciones y restricciones que aún subsisten, dificulta que las cooperativas de crédito vuelvan a surgir, por lo menos con la fuerza que tuvieron otrora.
En efecto, precisamente por el hecho de ser asociados, todos los integrantes, socios de las cooperativas de crédito habían invertido en el capital social, al asociarse.
Por lo tanto, al caer las cooperativas de crédito a partir de 1977 como consecuencia de las limitaciones que les impuso la Ley 21.526, los asociados no sólo perdieron sus depósitos, sino también el importe que habían invertido en el capital social a lo largo de su vinculación.
O sea que, lo mismo que señalábamos como muy beneficioso, como un proceso de fidelización y de pertenencia de los asociados a la cooperativa, intertanto éstas estaban funcionando bien y la Ley de Entidades Financieras 18.061 les permitía actuar, en este caso juega en contra, porque todos los asociados a las distintas cooperativas de crédito –al caer éstas con posterioridad a 1977- perdieron o bien sus depósitos o el capital invertido, o ambas cosas en algunos casos, en forma parcial o total.
Lo cual, en la actualidad, al intentar reflotar el sistema, hace que se tropiece con esta dificultad proveniente de la experiencia negativa anterior sufrida por los ex socios de cooperativas de crédito.
Otra consecuencia más de la falta de seguridad jurídica en nuestro país.

5 – La influencia en las Economías Regionales.
El resurgimiento de las cooperativas de crédito indudablemente influirá favorablemente en las economías regionales.
En efecto, este instrumento de la política crediticia apunta directamente a sectores y poblaciones no atendidos por el sistema financiero convencional, lo que producirá que los depósitos que capte en dichos sectores y poblaciones vuelvan a la comunidad en forma de créditos a la producción, a los artesanos, profesionales, comerciantes, industriales, etc.
Es una realidad que en las poblaciones pequeñas y alejadas funcionan muy pocos bancos, por lo general una sucursal del Banco de la Nación Argentina, y algún otro banco público o privado, según la población.
Según las estadísticas analizadas por los redactores de la ley, hacia fines de 2006, apenas el 36% de las localidades o poblaciones con menos de 10.000 habitantes tenía cajeros automáticos y sólo el 49% de ellas contaba con sucursales bancarias .
Sin embargo, la mayoría de las 200 pequeñas ciudades sin adecuadas prestaciones bancarias, atravesaba una situación inmejorable por el crecimiento productivo desarrollado desde la devaluación.
A la vez, también a finales de 2006, existían 19.972 cooperativas autorizadas, de las cuales 297 eran de crédito y 214 de consumo. Los bancos no llegaban o suministraban servicios insuficientes en 550 a 700 localidades, cuyos productores, comerciantes, industriales, profesionales, jubilados y pensionados debían viajar más de 50 kilómetros para efectuar cualquier transacción bancaria.
Dado que el objetivo de la ley apunta precisamente a incrementar la bancarización en áreas geográficas desatendidas, las micro, pequeñas y medianas empresas de las zonas beneficiadas indudablemente mejorarán su acceso al crédito.
Aún con dudas acerca de su implementación y puesta a punto, especialistas del mercado afirman que estas entidades podrían hacer una contribución no menor en uno de los actuales cuellos de botella del modelo: la financiación de la inversión a mediano plazo en empresas impedidas de acceder al crédito bancario.
Los cambios introducidos en la ley, luego de un trabajo conjunto de Arnaldo Bocco, Director del B.C.R.A., como representante del Banco Central designado especialmente a tal efecto; el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y la Federación de Cooperativas, le otorgaron un perfil más amigable para los potenciales interesados en formar parte del sistema.
En esa tónica, se eliminaron los topes a la captación de depósitos por entidad y las limitaciones para operar con clientes de otras zonas que establecía la anterior Ley 25.782; además, se le reconoció a la Letra de Cambio atributos comparables al cheque, que al igual que éste será compensado en las cámaras electrónicas de compensación o “clearing”.
La reglamentación de la norma se propuso asimismo impulsar la asociatividad de las Cajas de Crédito Cooperativas en torno a una federación, con el propósito de compartir recursos profesionales, tecnológicos y comunicacionales, de forma tal de reducir costos operativos.
Con lo que consideramos que esta ley cuenta con todos los requisitos necesarios para producir el resurgimiento de las cajas de crédito cooperativas o cooperativas de crédito, lo que, seguramente redundará en un beneficio para las economías regionales, al permitir el acceso a la actividad financiera de las economías que actualmente no acceden a este servicio, sea por razones geográficas o de origen económico.
Jorge G. Portabella
Profesor Adjunto a cargo de la
Cátedra de Derecho Bancario,
Bursátil y Seguros – Facultad
de Derecho Univ. Nacional de Cuyo
www.abogadosportabella.com.ar



 
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